Un estudio de Miguel Ángel Sánchez señala a Cabuérniga como epicentro de la emigración del jándalo del siglo XVIII

Los municipios del Valle de Cabuérniga (Cabuérniga, Los Tojos y Ruente) y territorios cercanos como Reocín, Ruiloba, Comillas, Cartes, Cabezón, Torrelavega y Rionansa, constituyeron el gran epicentro de la emigración cántabra a Andalucía, principalmente Cádiz, según el estudio realizado por el profesor Miguel Ángel Sánchez Gómez (UC) y publicado en la revista ‘Trocadero’. Según este estudio, que analiza el flujo migratorio cántabro, tanto en origen como en destino en el XVIII y se titula ‘Dinero viajero. Censos hipotecarios y emigración, un binomio inseparable en la Cantabria del siglo XVIII’ , tanto en origen como en destino en el XVIII, de estos diez municipios salieron la mitad de los emigrantes de La Montaña que recayeron en su gran mayoría en la Baja Andalucía.

El trabajo de Sánchez Gómez fue presentado en forma de comunicación en XVI Congreso de la Asociación de Demografía Histórica celebrado en Cádiz y tiene como fuentes principales el Catastro del Marqués de la Ensenada y los censos y padrones gaditanos. El autor muestra las características de los movimientos migratorios de Cantabria a mediados del XVIII y establece dos modelos de emigración, el modelo occidental y el oriental. El occidental correspondería a los territorios al oeste del Pas, con los valores más altos de migración (casi el 75 por ciento de los emigrantes) con destino preferente a Sevilla y Cádiz y en menor medida a América y la Corte, mientras que el modelo oriental diversificaba sus destinos hacia otros puntos.

En las tierras occidentales el sistema económico empujaba a los emigrantes en la Baja Andalucía al pequeño comercio o a la servidumbre, mientras que los orientales optaban su marcha preferentemente a América con empleos de la burocracia imperial. El emigrante occidental estaba formado principalmente por cabezas de familia, en algunas ocasiones acompañados por el hijo mayor. Desde el Oriente solían partír varones solteros.

Dedicaciones de los jándalos en Cádiz

En conjunto, los inmigrantes montañeses en el último cuarto del siglo XVIII representaban una de las colonias peninsulares más numerosas de Cádiz. Esta situación tenía mucho que ver con sus dedicaciones en el puerto gaditano. Mientras que otros originarios de las regiones norteñas, como los vizcaínos, guipuzcoanos, alaveses y navarros ponían especial énfasis en el comercio ultramarino, constituyendo en conjunto el núcleo más numeroso, si exceptuamos a los andaluces, de los corredores de comercio con Indias. Los cántabros, sin abandonar del todo la carrera de Indias, ponían más énfasis en el pequeño comercio local, controlando el abastecimiento de comestibles y bebidas de la población gaditana, formando un auténtico oligopolio que se centraba en el abastecimiento de comestibles y bebidas de la vecindad. En Cádiz, doscientos quince establecimientos (tiendas de comestibles, tabernas, neverías, cafeterías y otros tipos de pequeños comercios) abastecían a las decenas de miles de vecinos y transeúntes de la ciudad. Estos establecimientos estaban gestionados por 548 varones de distintas edades, ocupando cargos que además de amo o propietario eran los de rentero o aparcero, encargados, mozos y mandaderos. En ocasiones, algunos de estos establecimientos estaban atendidos hasta por seis trabajadores, incluyendo al dueño o encargado.

Podría afirmarse que muy pocas calles, plazas o plazuelas en el Cádiz del último cuarto de siglo no albergaban uno o más establecimientos gestionados por montañeses y dedicados a la venta de comestibles o bebidas.

Estos pequeños negocios, relacionados por lazos de paisanaje, controlaban el abastecimiento de comestibles y bebidas, en lo que parece toda una red que se extendía por la ciudad apoyándose en varios almacenes que también nutrían a las tiendas de otras poblaciones como San Fernando, El Puerto de Santamaría, Chiclana o Sanlúcar de Barrameda.

Las labores comerciales en sus diferentes estratos ocupaban a más de la mitad de los montañeses en Cádiz (51,69 por ciento), incluyendo desde los comerciantes con Indias, a los dueños de los almacenes de alimentos y de bebidas, hasta los distintos trabajadores asalariados y no asalariados en estos negocios.

Por debajo de este grupo, se situaba el engrosado de poco más de 200 sirvientes (21,60 por ciento), entre los que destacamos 19 pajes, algunos de ellos empleados en las casas de relevantes funcionarios, eclesiásticos y comerciantes de la ciudad. Una circunstancia común a todos ellos era su origen en las comarcas occidentales de Cantabria.

El transporte (6,98 por ciento) era el tercer campo de ocupación de los inmigrantes montañeses, aunque a mayor distancia de los dos anteriores. Su labor la ejercían tanto para las decenas de almacenes, tiendas y tabernas, como para la Real Aduana. El resto de actividades desempeñadas por montañeses en Cádiz son las de funcionarios (5,56 por ciento), escribientes (4,52 por ciento), marineros (1,03 por ciento) y militares (0,66 por ciento).

Financiación

Basándose principalmente en documentos notariales, Sánchez Gómez considera que la emigración no era una respuesta a los problemas económicos del lugar de origen, sino un planteamiento para garantizar la mano de obra de las pequeñas tiendas y tabernas ya instaladas. También se recogen datos de la evidencia de que los propios familiares eran quienes proporcionaban ayuda económica para los costosos desplazamientos o para poner en marcha pequeños negocios, tal y como demuestran los testamentos donde aparecen a menuda deudas con vecinos o familiares en sus lugares de origen.

Otra de las conclusiones del estudio del profesor Sánchez Gómez es la creciente presencia de la hidalguía montañesa rural entre los jándalos que terminaron en el en torno de la bahía de Cádiz, no sólo en actividades relacionadas con la Carrera de Indias, sino también al frente de pequeños negocios de tabernas y tiendas de ultramarinos.

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