El primer concierto del II Festival Torrre de Villaescusa, patrocinado por la Sociedad Menéndez Pelayo (SMP), contó con la presencia del Cuarteto Iberia, compuesto por cuatro jóvenes músicos que llevan funcionando 6 años y han conseguido numerosos galardones en concursos internacionales, aumentando su prestigio con excelentes críticas. Lo forman Marta Peño, Luis Rodríguez, Mario Oltra y Arnold Rodríguez, los cuatro miembros de la SMP que como formación residen en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.
José Imhof, promotor y director del festival, y Borja Rodríguez, presidente de la SMP presentaron la actividad que se extenderá durante todos los sábados del mes de julio.
El programa del concierto fue una demostración de la capacidad del cuarteto de adaptarse a diferentes músicas y diferentes épocas. Se comenzó con una interpretación refrescante y muy original de la Ensalada “La negrina”, obra de Mateu Flecha “El viejo”,’ músico que vivió a caballo entre el final del siglo XV y principios del XVI. Originariamente compuesta para música vocal, el cuarteto interpretó una versión realizada por Arnold Rodríguez, el violonchelista del grupo que cautivó a los asistentes.
La segunda pieza, muy escasamente interpretada en la actualidad, fue la elegía “Crisantemi” de Giacomo Puccini, compuesta una sola noche por su autor al conocer la noticia de la muerte de Amadeo de Saboya. La melodía melancólica y la intensidad de la música de Puccini llenaron el bello espacio que José Imhof ha creado con imaginación, valor y pasión para su festival.
El momento culminante de la actuación llegó con la interpretación del cuarteto de cuerda número tres de Robert Schuman, una pieza de espacial dificultad y de música romántica apasionada y emocionante que impresionó profundamente al público. Se trata de una pieza que exige a los músicos que la interpretan una gran coordinación y una combinación de sabiduría técnica y de emoción poética que es difícil encontrar en un cuarteto de estas características.
La interpretación fue un rotundo éxito y ante los aplausos del público, que hizo salir repetidas veces a los intérpretes a saludar, el cuarteto obsequió a los asistentes con una breve y deliciosa pieza de Philip Glass, uno de los iconos de la música contemporánea. Un regalo que, como explicaron los componentes, del cuarteto, también servía para relajarse tras las fuertes emociones vividas con la música de Robert Schuman.
El concierto recurrió a toda la historia de la música, desde el renacimiento hasta la música contemporánea, y en la que el cuarteto hizo gala de gran pureza técnica, de una singular musicalidad y de una entrega generosa y constante de los cuatro componentes, de los cuales ninguno buscó el lucimiento personal y sí la colaboración. De esta manera el conjunto de los cuatro instrumentos consiguió ser instrumento único, lleno de voces, matices, colores y emociones.
El público reconoció con sus aplausos, y con sus “¡bravos!” la gran actuación del Cuarteto Iberia, así como las presentaciones de las piezas que Luis Rodríguez llevó a cabo con naturalidad y simpatía.
Pie de foto: Borja Rodríguez y José Imhof, de pie, presentan al Cuarteto Iberia.
